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viernes, junio 16, 2006

El butacón del Garci

Perdedores
José Manuel García
('Quedado especial' en Costa Ballena del MaTA-dor)

El Mundial no ha hecho más que calentar y Polonia, Costa Rica y Paraguay tendrán que coger el portante, Serbia y Montenegro, Costa de Marfil y Angola tienen toda la pinta de irse de najas. Son los primeros perdedores, los primeros ajusticiados del circo mundialista.
Ante Alemania, los polacos montaron una muralla para aguantar el tirón pero se les rompió la cuerda justo al final, cuando un flaco llamado Neuville (que jugó en el Tenerife y es hijo de española) sacó la navaja y la hundió en la barriga polaca. Las pobladas cejas del seleccionador Pawel Janas no dejaron de sudar durante el encuentro y terminaron por derretirse.
Los jugadores de Costa Rica llevaban el cartelón de "perdedores" desde el túnel de vestuario. No había más que observar los ojos del pelado Luis Marín para percatarse que nada bueno les iba a suceder. Marín se movía como un tigre con pulgas y sus ojos delataban miedo. Miedo al huracán Ecuador. El gol de Tenorio se sacó de algún museo y dio comienzo el recital de los morenos de la ‘tricolor’. Wanchope y su gente salieron despellejados, heridos de muerte, hundidos.
Paraguay me recordó a España en el Mundial de Francia. En aquella ocasión, España salió al baile con guantes de boxeo y una cohorte de centuriones cojitrancos. Nos mandó a por tabaco Nigeria y Paraguay nos pegó el tiro de gracia. Ahora son los guaraníes los que copiaron nuestros defectos. Los rojiblancos juegan con el freno echado, tensos y con retranca. Su fútbol es de piedra; mejor dicho, de cartón piedra, teatrero y mentiroso. Uno se acuerda de Nino Arrúa, de Amarilla, de Ocampos, de Achucarro y, por encima de todo, de Diarte; qué zancada la del Lobo, cuánta velocidad llevaban esas piernas adornadas de músculos, que sutileza la de sus botas; Van Basten de melena azabache. Y ahora ves a Paraguay y a uno le entran ganas de llorar viendo al manijero Acuña, la poca gasolina del correcaminos Valdez, a un tal Dante López, que ve el balón y huye descosido por el pánico. Lo siento por ti, compadre.
El perdedor hunde su nariz en la hierba y siente frustración por no hacer un agujero más grande, otros lloran, a otros le entran ganas de correr pero el cansancio y la vergüenza se lo impiden. A mí anoche me entraron ganas de reír con sólo ver el traje de lanilla de Aníbal Ruiz con la que estaba cayendo. Hay perdedores de risa.

Escrito por Matallanas | 8:15 a. m. | Enlace permanente

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